Aterrizaje (8a entrada)

11.23.2011


Viendo el éxito que obtuvimos, no dudamos en hacer una gran reunión en nuestro rincón. Saqueamos los vinos de un Wal-Mart y concentramos en un tráiler, pacas de marihuana golden, kilos de cocaína y el espacio restante de diferentes sustancias. Los invitados especiales; el matrimonio ganador del premio nobel de la paz, Barbará Mori y su esposo Héctor Rodríguez; el cardenal Abdiel, quien no espero más por participar en una orgía debido al tiempo que tenía sin actividad sexual; la distribuidora de opio en el norte del Estado de México, Guadalupe y compañeros de la escuela así como el profesor de redacción el cuál sorprendentemente mostró sus habilidades para danzar reggae.
Fue a la mitad de la fiesta cuando aspiré un simple golpe de salvia seca a través de una pipa de agua. Tal vez una hoja grande, no más de un gramo. Fumé cerca del 80% en una sola aspiración, lo retuve intencionalmente lo más que pude. Después de diez segundos, me di cuenta de que podía aguantar mi respiración tanto como quisiera. Recibí una visión llena de color; patrones giratorios de luz contra la oscuridad, como un papel tapiz del cosmos. Veía tubos en forma de bloques, construidos por materia celular y la palabra ‘nucleótido’ resonaba fuerte en mi cabeza. Ni siquiera sé que significa la palabra, pero la voz me decía que era lo que estaba viendo. De pronto me encontré en un confuso e inestable estado de conciencia, no sabía a qué parte había ido mi cuerpo. Mientras veía un rastro de normalidad me aferraba a él y cuando sentía que había regresado, se mostraba otra cosa.
De pronto observé una pared verde y escuché la voz de mis compañeros los grises; revisé el reloj, eran las dos de la tarde. No hubo fiesta, masacre ni aventura alguna. Me encontraba en la cancha de frontón, donde siempre nos poníamos a consumir. Solo fue un gallo más al que le echamos puntos de drack, acompañándolo de un ácido, el que explotamos con whiskey y red bull.
Con tranquilidad, me levanté del tronco dónde estaba sentado y me fui a mi clase. No quería tener un retardo más, porque ya había incumplido con el máximo de faltas y ese retardo me haría reprobar.


*Basada en hechos reales. Todos los derechos reservados.

2 comentarios:

  1. Alejandra dijo...:
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  1. Alejandra dijo...:

    Hola.
    Una muy buena entrada. Buenas ideas que alivianan el texto. Además, ya que es basada en la vida real, debo decir que me parece excelente el estado de consciencia con el que te presentas a clases, al igual que el hecho de que encuentres habilidades de reggae en el profesor de redacción. Ingeniosa