Plan con maña (7a entrada)

11.22.2011


Llegué a un acuerdo con el policía que manteníamos adicto a las anfetaminas, al cual apodábamos Polichoche. Consistía en depositar ocho mil kilos de opio en el pozo que suministra el agua a la ciudad (Cutzamala). Los vaishnabas hicimos una plática para saber con qué distribuidor conseguiríamos el opio, ya que necesitaba ser alguien de confianza. Los votos apuntaron directamente al punto de Guadalupe, ya que en su zona el opio es de la más alta calidad, de buen precio y además ella solo vende por mayoreo.
Tomamos la “perrera” de Polichoche y partimos hacia Cuautitlán Izcalli. Llegamos a su tiendita y antes de entrar, ya teníamos a su grupo de seguridad apuntándonos con armas de fuego. Entre ellos identifiqué a casi la mitad del grupo de la escuela. Acceder a las instalaciones no fue difícil ya que ellos se conformaron con un simple tostón de marihuana.
Con el opio suficiente en nuestro poder, era hora de que Polichoche se motivara y lo llevara al pozo de agua, así fue. Inmediatamente de su regreso, no tuvimos más remedio que aniquilarlo ya que sabía mucha información. A su coca-cola le pusimos floripondio y una bolita de hachís. Sabíamos que esta última tal vez no le causaba efecto, pero queríamos estar seguros que si no moría, mínimo quedará loco.
Ahora sólo era cuestión de esperar tal vez unos tres días, para ver los efectos en la gente. Era peligroso porque a las personas que supieran usarlo como psicoactivo, les habríamos solucionado sus problemas. Nosotros esperábamos el efecto de enfermedad y muerte consecutiva por la intoxicación. Gracias al poder de la naturaleza, así fue.
En aproximadamente dos días, en las calles la gente se tiraba de desesperación, los autos chocaban entre ellos porque los conductores sufrían convulsiones mientras conducían. La televisión dejo de funcionar porque todos los que identificaron esta sustancia salieron del país, principalmente las clases altas. Todos dejaron a un lado nuestra captura y fue así como fuimos al rescate de nuestros compañeros.
Nos acercamos a la mansión donde se realizaban las mediciones a los excesos humanos y liberamos a los pocos que quedaban. Ellos con su enojo, capturaron a las personas que les obligaban a hacer todo y amistosamente les interceptaron un gran palo de escoba en el trasero hasta que se atorara.